Posted by: hario on: August 27, 2007
Bueno, creo que ya va siendo el momento. Ésta es la historia de cómo algo que ni yo mismo barajaba como posible, se ha hecho realidad:

Mi gatita ronroneante,
fotografiada por Saverbrunn de forma sobresaliente
(Ascensor de San Pedro, A Coruña)
Casi sin darme cuenta, me he hecho «motero». La decisión me llevó su tiempo tomarla, y una vez hube deliberado, me pasé tres tardes (como mínimo) pateando Coruña, concesionario tras concesionario, para llegar a la conclusión de que las motos que a mi me gustan, son o bien caras o bien difíciles de conseguir… o bien ambas cosas. Para más dolor presupuestario me había decantado por intentar conseguir un biciclo con motor de 125 centímetros cúbicos, aprovechando la coyuntura de la convalidación del permiso de conducir B, lo cuál no hacía más que incrementar los precios. Como referencia, algunos de los modelos que barajé inicialmente fueron:
En este punto fue cuando me desanimé un poco porque, o bien me gustaba la moto, o me gustaba el precio, pero no ambas cosas. Fue entonces cuando hurgar un rato en internet empezó a iluminar el camino. Eso y un artículo que leí en una revista sobre motocicletas acerca de la invasión de fabricantes chinos de motos. A grandes rasgos el artículo resumía que las industrias chinas están produciendo «scooters» baratos de baja cilindrada que, sin tener grandes acabados, no sacrifican en seguridad para abaratar costes.
Lo primero que encontré fue una web en la que los mayoristas del páis asiático exponen sus productos de cara a intentar llegar a acuerdos de importación-exportación con distriburidores de terceros países. En dicho sitio comprobé que, en efecto, los hombrecillos de ojos rasgados fabrican motos, y que muchas de ellas están homolagadas para su uso en la Unión Europea. De alguna incluso llegué a encontrar las certificaciones de homologación en algún sitio web de no recuerdo qué comisión de la Unión. Tras bucear un par de tardes encontré lo que estaba buscando: algunos modelos bonitos para mi gusto. E incluso réplicas de motos BMW con sidecar de los años cuarenta.
Como el buen observador habrá notado, los modelos de los distintos fabricantes son harto similares, por no decir idénticos en cuanto a bastidor y carrocería, cambiando únicamente detalles como los colores disponibles o las formas de lámparas y espejos. Es por ello que el siguiente paso consistió en encontrar algún importador en España de cualquiera de las marcas chinas, ya que seguramente tendrían algún modelo similar a los que había visto. Lo más cercano que encontré fue importadores de Jinlun en Reino Unido, modelo 125-T10, para ser más exactos por unas mil libras esterlinas (1.480€), con lo que por el precio de mi anterior opción más barata (Kymco Agility) podría tener algo parecido estéticamente a mi opción más cara (Aprilia Compay), y sin bajar de los 125 c.c.
Ahora tan sólo faltaba traerse una Jinlun desde Inglaterra… o buscar un importador en este nuestro país. Como llegué a comprar la moto aquí en España, es algo que contaré en una pŕoxima entrega de esta serie
[...] Mi gran aventura (con la) China - II Este artículo es la segunda parte de una serie, para los más curiosos recomiendo empezar leyendo la primera parte. [...]
[...] artículo es la tercera parte de una serie, para los más curiosos recomiendo empezar leyendo la primera y segunda [...]
September 13, 2007 at 23:26
Me mola la foto de la china con el ascensor redondo-chusquero que da problemas a los presupuestos coruñeses (además del post, claro
). ¿La hiciste con la cámara analógica?