Normalmente no lo haría

Normalmente no lo habría hecho; pero aquel día sintió por vez primera que no podía seguir guardando para sí aquello que atenazaba su mente hasta el punto de impedirle pensar con fluidez cada vez que la veía, cada vez que ella abría sus labios para hablarle y dejaban entrever su perlada sonrisa, cada vez que pronunciaba su nombre para luego decir «¿Me estás escuchando?» con su voz de terciopelo. En verdad era a ella la única persona sentía a su alrededor, eclipsando la existencia de todos los demás mortales.

No se veían muy a menudo, sin embargo cada vez que lo hacían era como si nunca se hubiesen separado. Cada encuentro era distinto a los demás, único e inolvidable: tan sólo ellos seguían siendo los mismos.

Llevaban años siendo muy amigos; quizá fuese el momento de ir un paso más allá. Esto fue lo que le dijo, con la voz trémula por la emoción y la tensión acumulada por efecto del pánico que le causaba el que ella pudiese reaccionar rechazándolo.

No se lo tomó mal, aunque no como él lo esperaba: seguirían siendo tan sólo amigos. Al parecer la distancia que les separaba habitualmente era un impedimento lo suficientemente poderoso como para hacer su relación inviable. Amigos al menos; pero su corazón seguiría necesitando de alguien en quien volcar el cariño acumulado durante años…

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