.fi: Un día en Tallinn (Estonia)

En el mar báltico, justo en medio entre Finlandia, Rusia y Estonia se encuentra el (bien llamado) golfo de Finlandia. Y justo en la parte más estrecha es donde se encuentran Helsinki y Tallinn, lo que quiere decir que viajar en ferry entre ambas ciudades es un paseíto de unos escasos tres cuartos de hora, y las líneas son regulares, los horarios predecibles, y los precios razonables. Así que el sábado de mi primer fin de semana en el país de la sauna, fuimos a pasar el día a Tallinn. Hay varias navieras que navegan entre ambas ciudades, y los precios varían bastante, así que luego de echar un ojo, nos sacamos billetes de ida y vuelta con Lindaline por unos unos 43€ por persona, a las diez por la mañana hacia Tallinn, y de vuelta hacia Helsinki a las siete de la tarde. Al parecer los precios de los billetes varían según época del año, hora y día de la semana, así que es conveniente echar siempre un ojo a otras opciones antes de comprarlos.

 

Tejados y casas de colorines

Aunque también hay, como es de esperar en una ciudad que es capital, edificios modernos, lo realmente encantador de Tallinn es la zona antigua con sus casas de colores, algunas de piedra, otras de madera; la plaza del ayuntamiento, con las gárgolas que recogen el agua del tejado y una de las farmacias más antiguas de Europa; las tiendecitas donde venden abalorios hechos de ámbar del báltico… y por supuesto la (casi) omnipresente muralla del siglo XIV, la cuál aún conserva 26 de sus 46 torres y casi dos kilómetros de longitud.

 

Después de ver esto, dá vergüenza presumir de la muralla de Lugo

Para comer nos metimos en el restaurante Olde Hansa, con una ambientación medieval tan fidedigna que incluso los baños parecen haber sido transportados al presente con un DeLorean, por no hablar de la iluminación a base de… ¡velas, candelabros y lámparas de aceite! Detalles aparentemente viejunos por todas las esquinas, pasando por el atuendo de los camareros y llegando hasta la cerámica de los platos y las jarras de cerveza. Y además la comida está buena, así que recomiendo a cualquiera que tenga la ocasión de pasarse por Tallinn que le dé un tiento a alguno de sus platos con barrocos nombres protomedievales.

La TÍPICA posada medieval

De todas maneras, la próxima vez que me pase por Tallinn, quiero probar qué tal se come en el Peppersack, que está justo enfrente y promete… concretamente, promete que hacen todos sus platos con pimienta. Al menos con un poquito.

Aunque no dió tiempo en esta ocasión a ver otros lugares interesantes (como los jardines y el palacio de Kadriorg, el palacio presidencial, o los bloques de edificios soviéticos de los tiempos de la URSS) al ir un poco justos de tiempo y haber invertido bastante tiempo en la comilona, dió tiempo a entrar en la catedral (ortodoxa) de Alexander Nevski y dar también un buen paseo por la parte alta del casco antiguo.

Como dato curioso, el alcohol en Finlandia está gravado con una cantidad importante de impuestos, por lo que no es extraño que los finlandeses se acerquen a Estonia para comprar alcohol en cantidades importantes para tomárselo en casa a la vuelta, probablemente en una «sauna party». Pero sobre la sauna ya hablaremos otro día… 😀

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