Crónica (curada en barrica) del Festival Xacobeo 10

Después de descansar la experiencia de haber asistido al Festival Xacobeo 10, que tuvo lugar el pasado 27 de Agosto de 2010, me saco de la manga una crónica que, por no decir que lo más probable es que esté ya pasada la fecha de caducidad, diré que ha sido curada en barrica de roble durante tres semanitas que me han dado bastante qué pensar sobre el tema. Empezamos con el plantel de artistas:

Festival Xacobeo 10

Aún era de día cuando empezó la fiesta

Para amenizar los interludios entre concierto y concierto, además contó con la presencia durante de artistas adicionales para amenizar los cambios de escenario:

No tocaré las actuaciones de DJ Poti (vaya un nombre que ha elegido… a mi me suena como «pota», que es una tartera en mi idioma natal, e indefectiblemente me hace pensar en Tiësto, conocido por mi como «DJ Maceta») y DJ Caradeniño. Basta con saber, resumiendo mucho, que en mi opinión hicieron correctamente el trabajo no dejar que se enfriase el ambiente en el intermedio entre actuaciones. Con respecto a Vitalic, no me quedé a escucharlo así que realmente no puedo opinar.

A los que pertenezcan a la legión de fans incondicionales de Muse en este momento, o bien están sufriendo un desprendimiento de retina, o bien planteándose que quizás la condena por homicidio no sea tan terrible como parece. Maticemos: no soy un fan acérrimo de Muse, me gustan algunas de sus canciones, reconozco que existe la posibilidad de que Matthew Bellamy sea un genio, y desde luego lo que vi en vídeo antes de ir al festival a verlos en directo parecía indicar que iba a ser el plato fuerte del show. Pero vayamos por partes.

(Como nota al pie: en ocasiones he oído comentarios del mérito que tiene el hecho de que Muse sea prácticamente Matt Bellamy convertido en banda… debo pues recordar a los lectores que ya antes Jeff Lynne fue el alma de la Electric Light Orchestra, lo mismo Paddy McAloon con su banda Prefab Sprout… no me gusta que la gente no conozca la historia y diga que Muse es único por ser un hombre-banda.)

The Right Ons

Parecen majetes

Grupo desconocido para mi hasta el día del festival, y primera sorpresa. Llegué cuando su actuación iba por la mitad, y la verdad me habría gustado ver la actuación completa. Correcto sonido para el funk n’ roll de este grupo gallego que le pusieron muchas ganas intentando animar al público… con relativo éxito. Me dejaron buen sabor de boca, así que en algún momento me pondré a revisar sus temas con calma 🙂

Jónsi

Jónsi mirando al público

Me llevé otra grata sorpresa, ya que me habían parecido un poco muermo los temas escuchados a lo largo de los días previos al concierto algunos temas de esta banda islandesa de «post-rock» (¡ouch! ¿cómo es posible que exista semejante término incoherente por sí mismo? Si es «post» no puede ser actual… tiene que ser futuro, ¡pero la banda existe «right now»!). A veces pienso si no tendré algún tipo de trauma infantil con la música islandesa, ya que a Björk me cuesta mucho (¡muchísimo!) escucharla. Y también me costó con Jónsi.

Sin embargo, he de decir que en directo tienen mucha más fuerza que en estudio. Bien es cierto que para algunas personas el cantar en falsete puede ser más de lo que están dispuestas a soportar, no creo que sea justificación para que la mayoría de las personas que asistieron al festival mirasen para otro lado, como si lo que estaba pasando en el escenario no fuese con ellos. Sin embargo, el martillo de Thór caía una y otra vez sobra la batería (sí señora, oiga: el baterista se llama Thorvaldur Thór Thorvaldsson) imbuyéndola a producir ritmos endiablados que acabaron por animar al personal, hasta que el pasotismo se fue conviertiendo en curiosidad, para luego desembocar en sorpresa.

Resumen en una frase: «Jónsi resultó ser una grata sorpresa en directo, una pena que no plasmen en los álbumes de estudio la energía que emana de ellos en un escenario».

Muse

¡Mira qué mosssnossss!

Podría continuar hablando de la actuación de Muse tal y como escribí en un comentario en Tanaka Music, que reproduzco a continuación (aclararé, eso sí, que aún a pesar de lo que digo en el comentario, me lo pasé teta durante la actuación de Muse… y no me refiero a los generosos atributos de la jóvena que tuvo a bien, ejem, «acercarse» a servidor mientras daba saltos de alegría al ritmo de Plugin Baby… o sí):

…pues a mi lo que me faltó es que sonase bien. No se entendía nada de lo que el lánguido señor Bellamy intentaba cantar –sin conseguirlo–, y según avanzaba el concierto la (escasa) música se convirtió en una amalgama informe de ruidos que acabaron en un estertóreo zumbido que, por mucho que me pese, ha hecho que estos chicos me hayan decepcionado en un directo que tuvo mucho de espectáculo y más bien poco de musical. Porque eso sí: pantallitas, lucecitas, superfluos Kaos Pads y demás chorradillas dieron el «bling» que una juventud cegada por el «fanboyismo» no dejó de corear entusiásticamente (ojo, y también «fangirlismo», no se me enfaden las féminas, que no tengo problema en sacarme de la manga los «palabros» que haga falta).

Señoritas, señores… valga que son Muse, valga que es un muy buen espectáculo (en eso puedo estar de acuerdo), valga que tengan tendencias «ruidicistas»; pero una cosa que bien debería darles un poquillo de vergüenza a estos ingleses es que unos «aficionados» (en comparación) como The Right Ons hayan sonado considerablemente mejor.

Finalmente, si alguien va a decirme que a lo mejor estaba servidor muy cerca de los altoparlantes, sólo tengo que añadir que estuve más o menos a la misma distancia del escenario durante todo lo que duró el festival. Y aunque me duela: todos los artistas sonaron mejor que Muse.

En esencia, no puedo decir que haya sido un concierto bueno desde el punto de vista sonoro. No me cabe duda que Muse tienen un repertorio en el que hay temazos que probablemente dentro de veinte años se considerarán cultura musical general, y desde luego la puesta en escena es espectacular, de las más ágiles que he visto para una banda técnicamente estática (sí, aunque suene a contradicción); pero lo que definitivamente no puedo aceptar es que alguien me diga que sonó bien. Porque miente. Además del más que deficiente sonido, los componentes de la banda no se prodigaron en saludos, ni siquiera los de cortesía, cosa que invariablemente me recuerda a los «hermanos malababa»: Bob Dylan y Van Morrison… ¡aunque ellos al menos suenan bien! Lo siento, pero si quieren ir de divos por la vida, me entran aún más ganas de escribir cosas como la de arriba.

Entre el sector no-borreguil de los fans de Muse existe la teoría de que están viviendo de las rentas que todavía les reportan sus primeros aĺbumes (en el sentido artístico), y que los últimos son más flojos. No puedo afirmarlo rotundamente, pues considero que aún no he escuchado prestando atención a los detalles como para saberlo, pero sospecho que tal teoría tiene algo de cierto. Aún así, del último disco me parece brutal la jrandísima Exogenesis, una sinfonía en tres partes que hay que escuchar de cabo a rabo. En orden. Sin saltarse trozos. Varias veces. Sospecho que a la mayor parte de la gente (fans incluídos) no le habría congratulado demasiado que la tocasen en directo entera, aunque yo desde luego tengo curiosidad por ver cómo las juventudes de ahora reaccionarían ante lo que, claramente, roza en los límites de lo progresivo. A lo mejor le mando un correo a la dirección de contacto de la banda sugiriendo que contraten a Rick Wakeman, puede que teniendo a un abuelete de la vieja escuela en sus filas al menos haya alguien que se preocupe por que la cosa suene bien…

Resumen en una frase: Me lo pasé bien a pesar de ser el sonido entre malo y deplorable; a los acólitos de la banda les da igual porque han perdido el sentido crítico al verse cegados por la presencia de sus ídolos, y el que suscribe va a ir haciéndose un seguro de vida por haber mencionado el nombre de Matt en vano.

Pet Shop Boys

Veo cubos flotando... ¿será cousa da droja?

He aquí un grupo que tengo curiosidad de ver en directo desde que descubrí Concrete, el álbum que se grabó de la actuación de Neil Tennant y Chris Lowe en el Mermaid Theatre, con la BBC Concert Orchestra e invitados como Frances Barber, Sally Bradshaw, Rufus Wainwright y Robbie Williams. Aunque siempre me gustaron un buen puñado de sus canciones, fue con ese álbum con el que entendí que Pet Shop Boys no son sólo dos tíos que hacen canciones pegadizas con sintetizadores y la voz peculiar del señor Tennant.

Así pues, sin hacer gala de la proverbial puntualidad inglesa, durante el cuál vimos cómo iban preparando un montón de cubos de cartón en el escenario, empezó una colorida actuación en la que —¡precisamente!— cubos y cuadrados fueron el hilo conductor. Fue un poco «spoiler» ver como calibraban los proyectores ya que supimos que proyectarían imágenes sobre paredes de cubos; pero eso no desmereció un show del que aún hoy estoy sorprendido: ¡lo que se pueda hacer con un poco de cartón! Antes de pasar a comentarios de índole más musica, como último dato sobre el espectáculo en sí decir que no sería lo mismo sin las bailarinas-coristas, que estuvieron estupendamente. Mención especial para el momento en que se enfundaron en edificios emblemáticos de New York 😀

Aunque últimamente ha habido rumorologías de que Neil Tennant está perdiendo voz, la verdad es que no detecté ningún problema en este sentido. Además, en el caso de Pet Shop Boys el sonido fue bueno y se le podía la voz escuchar perfectamente. Al contrario que pelmazos como Bob Dylan, entre las canciones estuvieron todas las canciones míticas que cabe esperarse que una banda con décadas a su espalda toque. Sólo diré que nada más empezar a poco estuvo de escapárseme una lagrimilla escuchar las primeras notas de Heart. Ah, y Chris hizo un amago de bailoteo, que más o menos recordaba a uno de los típicos moonwalk de Michael Jackson…

Resumen en una frase: Buen sonido, espectáculo divertido y mucha profesionalidad dando a los fans precisamente lo que venían a buscar, salpicado con algunos temas de los últimos discos que demuestran que Pet Shop Boys aún tienen mano para hacer temazos.

Coda

A modo de colofón añadiré un par de cosas en absoluto relacionadas con la música. La primera es comentar que me lo pasé fenomenal, como pocas veces me lo había pasado en un festival, gracias principalmente a las personitas con las que estuve. En segundo lugar, me pareció muy divertido el irme encontrando con una buena cantidad de caras conocidas mientras buscaba al grupo con el que había quedado. Entre compañeros de emisora, y gentes de la facultad a la que hacía tiempo que no veía, conocí a un par personas interesantes y me encontré con una chica simpática a la que creía conocer de algo pero que finalmente resultó ser una desconocida, circunstancia que solventamos rápidamente 😉

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Si el ruído hablase…

Tuve ya en ocasiones anteriores la estomagante experiencia de asistir a un par de conciertos en el recinto de Expocoruña, con lo que no repetiré mis acertados comentarios sobre sus graves deficiencias acústicas una vez más. Este nuevo episodio, que bien podría titularse «Tratado sobre el maltrato a los conductos auditivos», tenía como protagonista al descompositor francés Yann Tiersen. A la mala calidad del sonido (que no es culpa del artista, sino de la acústica del lugar) se unió el ¿mal? gusto del artista por los sonidos estridentes, ruidosos y parcialmente desagradables al oído humano. Y es que el evento se caracterizó por la asistencia de los siguientes tipos de fauna:

  1. Conocedores despistados de la banda sonora de Le Fabuleux Destin D’Amélie Poulain y algún otro también consciente de que Tiersen es el artífice de la banda sonora de Good Bye Lenin!. Este sin duda era mi grupo.
  2. Novios aburridos de chicuelas pertenecientes al grupo anteriormente citado.
  3. Protogeeks gafapasta que nunca irían a un concierto de KMFDM, porque aún siendo realmente alternativos no podrían soportar el tener sueños lúbricos con Lucía y probablemente acabrían convirtiéndose en emos después de un intento fallido de cortarse las venas de forma transversal.
  4. Punkis perroflauta despistados que les importa un comino quien toque, siempre y cuando su colga «el panas» asista y puedan pasarse lo que dure el concierto en una nebulosa de polen.

Mientras que los integrantes de los dos últimos grupos sin duda volvieron a casa contentos unos, y contentos los otros, los demás aguantamos el tedio con mayor o menor éxito, mientras Tiersen y su banda se dedicaban a hacernos creer que las canciones que esperábamos serían tocadas más adelante. Mes y medio después, sigo esperando por Le valse D’Amélie… Pero parece que algunos artistas se empecinan en renegar de aquéllo que les ha dado la fama, con lo que además de conviertirse en ídolos del gafapastismo, consiguen echar para atrás a los que vamos a los conciertos de los artistas que no nos son muy conocidos con ganas de escuchar «lo de siempre y alguna cosa más, a ver qué tal». Si quiere hacerse el Dylan, primero que demuestre su valía con una extensa discografía y una impecable técnica a los instrumentos (o en caso de que la tenga, haga gala de ella).

Resumiendo: un concierto prescindible, que se salva de la quema de brujas por el hecho de haber ido bien acompañado y no ser muy cara la entrada.