Azul

El bar era una vieja tasca con mostrador de zinc, sillas de formica, un televisor encendido y fotos del Rayo Vallecano en la pared. No había nadie más que el camarero, un hombre flaco, a quien la camisa llena de lamparones daba un aspecto infame mientras mientras barría con aire despectivo el serrín del suelo, lleno de servilletas arrugadas y cáscaras de cacahuete. Tenía enfrente un espejo con publicidad de cerveza San Miguel, y su cara se reflejaba entre la lista de tapas y raciones escrita encima con letras blancas. Veía sus ojos exactamente entre las palabras ensaladilla rusa y pulpo a la gallega, lo que tampoco era para levantarle el ánimo a nadie. Pidió ginebra azul con tónica, que el barman sirvió con una mirada de curiosidad.

—Quiero acostarme con ella —le dijo al camarero.

—Todos queremos eso —respondió el otro, filosófico, sin dejar de barrer.

Asintió, y por fin se llevó los labios al vaso. Bebió un poco, volvió a mirarse en el espejo e hizo una mueca.

—El problema —dijo— es que no juega limpio.

—Nunca lo hacen.

—Pero es guapísima. La muy perra.

—Todas lo son.

El camarero había dejado la escoba en un rincón, y de vuelta tras la barra se servía una cerveza. Contempló las fotos del Rayo, sacó unas monedas y se puso a jugar con ellas sobre la barra.

—Estoy metiéndome en un lío.

Esta vez el camarero no respondió enseguida. Observaba la espuma de la cerveza en el borde de su vaso.

—Igual ella vale la pena —dijo al cabo de un instante.

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Argumentos de Renfe para no sacar fotos en estaciones

Es que la magnesia efervescente con la que chutamos al conductor reacciona con el flash, provocando un aumento de estreptococos en el riego linfático de la espina dorsal que hace que se pince el nervio sacrosanto de nuestro señor Jesucristo, lo que en último término redunda en un estado de excitación transitoria que provoca en el sujeto la eyaculación inmediata… y claro, queda muy feo que al bajar del convoy los compañeros vean el lamparón en el pantalón del conductor.

Mañana de domingo

¿Quién se atreve a quedar un domingo por la mañana temprano para ir a observar aves, después de salir hasta tarde el sábado por la noche? ¡Correcto! La respuesta es: menda lerenda 😀

Ayer sábado estuve por primera vez en el Garufa, y realmente me gustó. Interesante el que haya conciertos de artistas locales (y no siempre tan locales) casi todos los días. Divertida la música pinchada, incluyendo temazos tan grandes como Rasputin, de Boney M. Reincidimos tomando té en A Casa da Gloira. Hicimos escala en Estudio 80. Vimos documentales que te quedas sopa sobre el apareamiento de los mamíferos en al Agua. Me sentí como un electrón en una unión P-N en el Cazuza… y lo más importante: en una compañía inigualable.

Sin haber dormido, bajo una fina, inoportuna y estúpida llovizna fuimos hasta O Burgo, aprovechando la marea baja, a observar aves por las marismas. Aunque antes de ir hicimos una parada técnica para desayunar y hacer tiempo, no fuese que al de arriba se le ocurriese parar la lluvia, cosa que por supuesto no ocurrió. Hicimos unos cuantos quilómetros a pie, y además de dar el paseo vimos distintas especies más o menos habituales (incluyendo las omnipresentes gaviotas) y unos cuantos ejemplares más exóticos, como cormoranes e incluso garzas reales.

A la vuelta, una deliciosa sopita hecha con agüita de caldo de grelos y luego a descansar, que van muchas horas intensas sin dormir 😉

Perros viejos

Como los dinosaurios del rock de antaño, Felipe González llenó el pasado jueves por la mañana el auditorio pequeño del Palacio de la Ópera de Coruña. Llegó entre achuchones de los presentes, que no eran pocos ni poco hacinados. Me pregunto qué tal tendrá los metacarpos a estas horas, pues no se cansó de estrechar manos y saludar a todo el que pudo acercársele. Una hora antes de que empezase el espectáculo ya había cola para entrar, lo cuál me deja la siguiente pregunta rondando por la cabeza: ¿realmente hay tanta gente en esta ciudad no esté trabajando a las doce por la mañana?

Abrió fuego Losada, el Rubalcaba falso que hace por veces de alcalde. Fue breve, y arrancó un par de sonrisas del público; la verdad es que el hombrecillo ha ido ganando tablas desde la primera vez que lo escuché hablar. Siguió Molina, que a veces más que orar parece que exhorta a grito pelado, aunque afortunadamente también fue bastante breve. Y digo afortunadamente porque nunca me acaba de convencer que tanto defienda su contribución para la difusión del gallego, si nunca se le oye hablarlo. Pero bueno, no es menester hablar de los aperitivos.

El plato fuerte fue casi una hora de anecdotario colectivo dirigido por quien protagonizó el último debate televisivo en tiempo de elecciones que recuerdo (a la espera de ver qué pasa este lunes entre Rajoy y Zapatero), que salió al estrado sin chuletas: como debe ser y como pocos políticos hacen ya. En mi opinión cualquiera que tenga la ocasión debería escuchar a Felipe hablar, independientemente de su ideología política, al igual que estoy segurísimo que vale la pena escuchar a lúcidos dinosaurios como Santiago Carrillo o Alfonso Guerra. Como no iba a ser de otra manera, barrió un poco para casa, ya que a fin de cuentas habrá elecciones el nueve de marzo; pero se notaba la experiencia acumulada, la forma de sacar a flote los sentimientos de la audiencia, el control de la cadencia del discurso, el hilar los temas entre sí, retomándolos sin motivo aparente hasta que todo encaja de manera hilarante…

Lo mejor de todo fue, sin duda, comprobar que todavía queda algún buen orador en este país de políticos lingüísticamente ineptos. Lo peor es saber que, de los que están ahora en el candelero, pocos se salvarían de las llamas del infierno (ahora que vuelve a existir) si el ser mal comunicador fuese un pecado. Falta por ver cómo se defiende Zapatero, que estará el próximo jueves en Coruña. ¡Seguiremos informando!

Misión: Velada Teatral

Febrero, viernes 15: entra en escena El Conquistador. Un escuadrón formado por Los Cuatro Elegidos va a estar allí para poder estudiar al enemigo y dar parte de su actuación en nuestras tierras. Tras el inevitable «briefing» de la misión, nuestros héroes se teletransportan como bien pueden desde el centro de operaciones radiofónicas hasta el lugar elegido para la invasión: el teatro Rosalía (A Coruña), al que acceden blandiendo sus entradas y pases de prensa de dudosa procedencia, pero más que comprobada efectividad. Tras la discreta incursión en la base alienígena y previa ingesta de barritas energéticas, nos agazapamos tras las espaldas de los seres antropomorfos que toman asiento en la espaciosa sala en la que el líder alienígena venido de allende los mares se prepara para su arenga…

En el escenario, una estructura metálica, un cuadrado hueco digno del inspector Gadget y de fondo una pantalla de vídeo es todo lo que precisa un único actor para convertirse en portero de un supuesto edificio en Colombia, tras la pérdida de su última cosecha como agricultor debido a las inclemencias del tiempo. Las peripecias en las que éste se ve envuelto y cómo se desenvuelve con sus vecinos constituyen la trama argumental de la obra. En sí, el guión no deja de ser simplista, sin duda muy apto para las igualmente simples mentes de los congéneres estadounidenses de Taddeus Phillips, único actor de un culebrón al que sobra una introducción que más que poner en situación al espectador destripa parte de la gracia de la obra.

Dejando el guión a un lado, es loable como una persona es capaz de mantener el tipo durante la casi hora y media encima del escenario, con no más de un par de gazapos perdonables. No poco original es el planteamiento de la interacción entre personajes mediante el interfono, aunque estaría por ver la posibilidad de hacer un montaje con actores reales. El uso de la pantalla como fondo «activo», en lugar del tradicional «fondo inanimado» me gustó mucho, aunque claro: la grabación del fondo es la que es, con lo que el actor debe ser especialmente cuidadoso con la temporización de sus diálogos para que éstos cuadren en tiempo y forma.

Con todo, y teniendo en cuenta el moderado precio de las localidades, salí bastante contento de la función y me reí bastante, supongo que estar cerca del escenario y entender a un gringo hablando español es mejor que estar en platea y a duras penas distinguir una palabra de otra. También tengo que decir que comparativamente estuvo mucho mejor Cyrano de Bergerac… aunque también he ido a montajes infinitamente más infumables: en ocasiones aún tengo pesadillas derivadas del montaje de Macbeth hecho por Sarabela Teatro, sin ir más lejos.

Tras considerar que el susodicho no supone una amenaza para la humanidad, nuestros Cuatro Fantásticos se dirigen al centro de recuperación alimenticia situado en las inmediaciones del cuartel general del regidor municipal. Tras un informe preliminar sobre El Conquistador y la deglución de alimentos reconstituyentes, nos embarcamos en una nueva aventura, ahora enfundados en nuestras chupas de cuero y látigos colgando de nuestros cinturones: En Busca de la Carpeta Perdida. Aunque esa es otra historia que no ha menester relatar aquí, sí podemos afirmar que tuvo un feliz final…