Una carta bajo el sombrero

Se había comprado su primer sombrero aquella misma tarde, y enseguida se percató de que siempre había deseado tener uno. Un sombrero de lana negro, ligero y —¡por qué no!— un poco gangsteriano, para poder emular una partida de póker como las que había visto en aquéllas películas en blanco y negro ambientadas en el turbulento Chicago de los años cuarenta que tanto le gustaban. Aquella misma noche tenía una cena con el resto del clan, así que aprovecharía para lucirlo por primera vez.

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Volvieron a casa después de una agradable cena en el restaurante del afable Penneti, un negocio que llevaba en pie desde que era niño, y del que lo que más apreciaba era la inutilidad de Grossi, el hijo del signore Penneti, para preparar platos típicamente italianos. Gracias a ello podían experimentar el placer de otros sabores del mundo cuando el padre se tomaba un descanso en la cocina.

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Llevaba toda la noche imaginándose a sí mismo en una mesa del Penneti’s, con poca luz y la corbata medio desatada, en medio de una tensa partida de póquer con Paul Newman y Robert Shaw. Fiorellina, o Rizzola como la llamaban cariñosamente por lo caprichoso de su melena azabache, interrumpió el vuelo con una pregunta digna del mejor de los tahúres:

—Estás muy callado, ¿en qué piensas?
—Ya tengo el sombrero, ahora me faltan un par de compinches para una partida de póquer… Si escondiese una carta de la baraja francesa bajo el ala, ¿cuál crees que sería?
—Creo que el as de corazones—contestó ella tras reflexionar unos segundos.
—Pues sí, ¿y sabes por qué? —se pararon en medio de la acera y la miró a los ojos— Porque sé que me darías suerte.

Autoengaño

El agua de la ducha caía sobre su cabeza, aclarándole el pelo y las ideas. Siempre buscaba una explicación a todo, pues le resultaba reconfortante. Le había ocurrido con anterioridad: deseaba ser capaz de dejarse guiar por su instinto, por sus deseos, por su corazón, sin que éstos fuesen supeditados a los escrutinios y veredictos de su analítica mente.

Se autoengañaba negándose a aceptar que las certeras flechas de Cupido lo hubiesen alcanzado. Sus miedos, en ocasiones contradictorios, no se habían ahogado bajo el agua purificadora sino que lo acuciaban con más y más intensidad cada día. Lo que más le aterraba era saber que «siempre» y «nunca» eran palabras extremadamente peligrosas: no podía pedirle que lo amase por siempre, ni que que nunca hiriese su corazón, porque tampoco él estaba seguro de poder hacerlo.

Se secó observando cómo el agua restante en el fondo de la bañera revoloteaba alrededor del desagüe, hundiéndose en la nada que la esperaba al otro lado, para finalmente llegar al océano y comenzar así un nuevo ciclo. Alimentar la vida propia y ajena, aún a costa de sus lágrimas; sentirse y ser necesario, aunque con ello su ausencia fuese dolorosa para los demás; volver a intentarlo al ser deshechado… eso quería.

Un escalofrío recorrió su espalda: no sabía cuanto tiempo llevaba allí de pie, desnudo. Lo único de lo que estaba seguro es que por fin había tomado la firme decisión de intentarlo.

The Moon Says Hello

Había pasado más de una hora cuando la música, con el volumen alto y la insistencia machacona típicas del tugurio nocturno al que habían ido, empezó a ser molesta. Ya fuera, se apoyó contra uno de los automóviles allí estacionados. Dejó caer la cabeza sobre el capó: el cielo nocturno sobre sus ojos estaba completamente vacío, pero sabía que la Luna sobre el orbe celeste salpicado de estrellas tenía que seguir existiendo.

Cerró los ojos para imaginarse un límpido cielo estrellado; pero lo único que consiguió fue hacerse un interrogante para el cuál aún no había sido capaz de encontrar una respuesta: ¿existirían realmente mujeres que pudiesen encajar con él, mínimamente inteligentes, mínimamente hermosas? Aún no había conocido ningún caso en el se manifestasen los tres factores simultáneamente. Sabía que cuando abriese los ojos, seguiría viendo un cielo totalmente negro. El no encontrarla a ella era como aquel momento: si al menos pudiese ver la Luna tendría un motivo para dejar de hacerse
preguntas que le imbuían el estado de inquietud que estaba experimentando. Abrió los ojos: seguía sin poder ver el cielo.

Bajó la cabeza lentamente. Allí estaba, apoyada en el coche de enfrente, mirando al cielo vacío como él mismo había estado haciendo: esbelta pese a su menudez, rasgos cálidos pese a su tez clara y la larga melena cobriza cayendo sobre sus hombros…

―¿Alguna vez has visto la Luna en una noche oscura?―preguntó ella mientras bajaba la cabeza.

Fue entonces cuando se fijó en sus ojos verdes, los más hermosos que había visto nunca.

― Acabo de verla―contestó.

Tallarines Chineses

Ayer cociné, por vez primera en mi vida, tallarines chinos, y aunque el experimento no fue todo lo satisfactorio que esperaba no quedaron mal de todo y he aprendido un par de lecciones interesantes sobre cómo prepararlos. Por si hay alguien interesado, los tallarines en sí se pueden comprar en el Gadis del centro comercial Cuatro Caminos de Coruña. Concretamente se necesita:

  • Tallarines. Una bolsa de 250g trae tres bloques de pasta, y con uno de ellos es suficiente para una persona.
  • Un huevo.
  • Una par de lonchas de jamón cocido.
  • Nuez moscada y un chorrito de aceite.
  • Un par de palillos (realmente son opcinales, pero a mi me gusta usarlos para comer en lugar de los tradicionales cuchillo y tenedor).

El huevo se emplea para hacer una tortilla francesa que esté poco churruscante, que se usará más adelante. Se cuecen los tallarines con agua y sal en abundancia, para un bloque de pasta creo que sobre un par de litros de agua debe ser suficiente (yo probé con un litro y se quedó un poco corta, porque la pasta viene muy almidonada), y unos dos puñados de sal (con un puñado pequeño me quedó sosa). El agua debe estar hirviendo y no es recomendable bajar el fuego mientras se cuecen los tallarines. Una vez cocidos entre cuatro y ocho minutos, se escaldan con agua fría para parar la cocción y se escurren. Se deshilacha el jamón cocido y se corta la tortilla en trocitos (1cm x 1cm están bien), y se añaden a los tallarines. Se pone un chorro de aceite en la sartén, y una vez esté caliente, se espolvorea nuez moscada en el aceite y se rehoga la pasta con los pedazos de tortilla y jamón cocido, como si fuese un revuelto.

Finalmente sólo queda afilar los dientes y zamparse los tallarines. Para la próxima vez habrá que mejorar la técnica y probaré poniéndole vegetales (pimiento verde, cebolla, zanahoria…) o incluso pescado (por ejemplo puede quedar bien con bacalao deshilachado) e intentaré hacer alguna foto del proceso. Por lo de pronto, aunque el resultado es mejorable, ha sido interesante y no me puedo quejar teniendo en cuenta que es la primera vez que hago una cosa de éstas 😉

La última carta

Jugaban sobre una anciana mesa de piedra, pie de granito y cubierta de mármol blanco, tapete azul como el color del mismo cielo que los sobrevolaba. Baza tras baza, el atardecer empezó a deslizarse sobre las arenas del tiempo, mientras las nubes, teñidas de la sanguínea luz carmesí del ocaso, comenzaban a otear a los jugadores por encima del hombro.

El juego alcanzó su punto álgido en el momento mismo en que las sombras se hicieron cómplices del Sol. Finalmente, cuando el último rayo de esperanza se diluyó en el horizonte, los dos jugadores se quedaron con su última carta:

— As de corazones.
— Tan sólo el caballero de picas es quien de domeñarla.

Y, dicho esto, descubrió su carta.

Sunshine

(Dedicado a quienes son mi luz particular que, aunque en ocasiones no son más que meros espectadores, la Escena no podría ser concebida sin su calidez.)

(La foto fue sacada en el momento de escribir esta historia.)

iPod battery replacement

I have a third-generation iPod which served me pretty well during the last four years, but some months ago the battery started failing, so I tried one of that nifty do-it-yourself iPod replacemente batteries. I purchased it from Macway France, because they have a convenient delivery pricing for Spain, where I live. The kit arrived today, and after unpacking it (it was rather hard to open, the package was well done), I was able of changing the battery by using the included levers:

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The next image shows the levers in action. The iPod case is pretty easy to open, although the player always looked like alien technology to me… I always wondered how could the case be so nicely fitted so I was a little deceived when I discovered it’s no more than some clips and it is maintained closed by pressure.

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You can see below the pieces of the iPod. Special care must be taken when detaching the hard drive from the logic board because the wiring can be broken of not treated carefully.

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The last image shows the new battery installed and ready to run. I did not make a battery duration test, but the manufacturer announces an increase about 70% in continuous playing time… Maybe it is true, but for the moment the player works again and I am able of listening to music when going from home to work and so on, which is a thing I missed a lot in the last weeks.

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